David Swanson y Manuel Castells son dos autores que analizan la ralación entre medios de comunicación y sistemas democráticos. Ambos comparten la idea de que los medios se han convertido en el centro de la política. Swanson se refiere a una política centrada en los medios y Castells a una política informacional. Los medios masivos, en especial la televisión y hoy también la internet, son pues la principal fuente de información para el público en temas de gobierno y política.
En los medios de comunicación privados, que son la mayoría, lo que prima son los intereses comerciales, es decir lo que importa en última instancia es captar más audiencia y ganar dienero por la publicidad. De ahí que los escándalos políticos cobren fuerza en esta nueva era de la política, pues como lo manifiesta Dominique Wolton (La comunicación política: la construcción de un modelo): el escándalo es una herramienta útil para vender. Los medios privados, siguiendo esta necesidad de llegar a más gente, tienden a dejar de lado los verdaderos temas de interés público y pasan a centrarse en las noticias atractivas, dentro de las cuales los escándalos juegan un rol fundamental.
Esta democracia centrada en los medios obliga a los actores políticos a moldear sus actitudes y acciones a las exigencias de los medios. Así encontramos, sobre todo, discursos cortos y sencillos: marketing político antes que debate. La creencia de que el hecho de tener la atención de los medios es esencial para ganar las elecciones u obtener altos niveles de aprobación, lleva a los políticos a rodearse de profesionales que se encarguen de la imagen y se centren en lograr un seguimiento favorable de los medios. Los famosos asesores políticos y de campaña ganan importancia, pues hoy si el político no aparece en los medios, será muy difícil que logre reunir el apoyo suficiente de la población. Una opinión favorable de estos es escencial para la conquista y para el mantenimiento del poder. De ahí que resulte vital la práctica correcta del marketing político.
Otra consecuencia interesante de esta llamada democracia centrada en los medios es la pesonalización de la política: la atención se dirige únicamente al personaje político y no a la ideología del partido. Al convertirse el candidato en el actractivo cental de la noticia, el partido político pasa a un segundo lugar, este fenómeno ha permitido que aparezcan outsiders y que el voto se vuelva coyuntural. Es decir ya no interesan tanto las ideologías, lo importante es el plan de acción que presenta el candidato para satisfacer mis necesidades como ciudadano. El pragmatismo se abre espacio en el escenario político. Por otro lado, los medios de comunicación permiten que la actividad política se haga cada vez más pública, lo que lleva a que la población esté cada vez más pendiente de la performance de los gobiernos de turno y de los funcionarios del estado. Sería positivo que esa mayor exposición en los medios permita desarrollar un accountability horizontal en las democracias.
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